Elecciones en el Estado de México: Nueva agenda, viejos actores.

La elección de gobernador del Estado de México, este día 3 de julio, ha generado una extensísima revisión de las implicaciones que tendría en el panorama político del país  un previsible triunfo del PRI. Sin embargo, ha quedado de lado una reflexión obligada para los actores políticos de influencia que, si bien resultarán perjudicados o beneficiados con ello, también tendrán que desplegar su propia agenda en tanto que son precandidatos a la presidencia de la república por diferentes partidos, pero también son actores políticos con influencia en la región: Enrique Peña Nieto y Marcelo Ebrard Casaubon.

Para Ebrard, un resultado favorable al PRI lo deja como perdedor, ya que su propuesta de continuar con la política de alianzas que se había ensayado exitosamente en otras entidades federativas, encontró en Andrés Manuel López Obrador y, por ende, en Alejandro Encinas, candidato del PRD, una oposición tajante, además que la estructura y el trabajo electorales que éste último hizo en el Edomex, no será puesto a su disposición. Por ello, deberá orientar una agenda emergente de control de daños, dirigida a reelaborar una estrategia de alianzas con los grupos y organizaciones perredistas que operan en la Zona Metropolitana del Valle de México (Distrito Federal y zona conurbada del Estado de México e Hidalgo) que no ven en López Obrador  a un candidato de izquierda con posibilidades de ganar la contienda de la sucesión presidencial, así como a cooptar a los panistas interesados en impedir el regreso del PRI a la presidencia a como de lugar y a desplegar un trabajo de acción electoral en el Estado de México con los propios recursos del Gobierno del Distrito Federal, como lo hizo en Guerrero, Oaxaca, Durango, Sinaloa y Puebla, recientemente.

Por su parte, Peña Nieto se verá en la necesidad de ajustar la maquinaria local del PRI en el Distrito Federal ya que necesita un millón de votos en esa entidad para los propósitos de la elección presidencial de 2012.

Pare ese efecto, deberá impulsar la renovación de la dirigencia del Comité Directivo Estatal o bien retrasar ese proceso hasta después del primero de julio del año entrante y además promover la construcción de una estructura paralela a la local para encomendarle los resultados de la elección presidencial dejando, en lo que convenga al priísmo local, la promoción del voto y el funcionamiento de la maquinaria electoral de los Diputados locales. 

Esa tarea, sin embargo, dependerá de los recursos con los que Ebrard decida seguir destinando a alentar la participación de liderazgos priísta locales afines a él y que han imposibilitado el crecimiento real del PRI, en la Ciudad de México.

La batalla del 2012, pues, no quedará irremediablemente resuelta en atención resultado electoral del Estado de México, pero si obligará a los actores y aparatos locales a desplegar recíprocamente actividades y presencia políticas en las entidades que es gobernada por los precandidatos.

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